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Acogida de inmigrados y minorías en el IES Pérez Ayala

EL TÉRMINO “INTERCULTURAL” Y LA INOCENCIA DE LAS PALABRAS

Las palabras sin duda son inocentes, pobrecillas. Pero no así quienes las usamos y los objetivos con que lo hacemos. Cuando se traen y se llevan términos como “multicultural” e “intercultural” uno llega a pensar en aquello de : ¿“Lo políticamente correcto” como sucedáneo y máscara de “Lo correcto, políticamente”?   

            Cultura 

  • Aunque la oposición Cultura  vs. Natura pueda constituir una simplificación de razonable rendimiento pedagógico, quizá sea suficiente con recordar la común etimología de “cultura” y ast. “cuchu”/o (occ. “cuito”) para ponernos de acuerdo en los rasgos básicos de significado del término. “Cultura”, entonces, como ese material orgánico surgido de la vida en sociedad del hombre, y caldo de cultivo en el que se van reproduciendo patrones de organización y estructuras de valores de esa comunidad.
  • Con todo y con ello, sucedida la Revolución Francesa, declarados los Derechos del Hombre, ¿podríamos afirmar la existencia de una “Cultura Universal”, por así decirlo, “de mínimos”? Si así fuera, deberíamos ser  intolerantes sin reservas con situaciones relativamente asumidas desde una “comprensión hacia lo diferente”. Esas prácticas o actitudes pueden a veces ser explicados por circunstancias relacionadas con el país de origen de los inmigrantes: estados confesionales de facto (islámicos, católicos), desigual reparto de la riqueza (o la miseria), … Pero en ningún caso esos excesos deberían ser aceptados so capa del ”respeto a otra cultura”: desde la ablación hasta la “castración social” de lo femenino, pasando por la represión de determinadas orientaciones afectivo-sexuales o la aceptación del trabajo infantil.

Intercultural

  • Si entendemos bien a quienes desde el poder (“Cambiémoslo todo…”) producen palabras y sentidos (“…para que todo siga igual”), el término MULTICULTURAL parece tener un sentido básicamente descriptivo: de una sociedad/ situación en la que coexisten varias culturas. INTERCULTURAL, en cambio, es más “proactivo” como gustan decir estos enterados intermediarios útiles…: quiere significar una sociedad que promueve a sabiendas el diálogo, el conocimiento mutuo entre esas diferentes culturas, a través de decisiones políticas concretas.
  • ¿Acciones políticas para favorecer el diálogo horizontal entre culturas, o para justificar la imposición de la “cultura de acogida”?. ¿Nos encontraremos ante una reedición actualizada de aquella política franquista que exaltaba las diferencias folclóricas (bailes regionales, platos típicos,..) al tiempo que imponía manu militari  una lengua y cultura castellanas “de obligado cumplimiento”? ¿Serán políticas (“buen rollito”-“Madre patria”-“cumbia”-“sancocho”) para “vestir de lagarterana” la existencia de esa “España B” de economía sumergida y “ciudadanía cero”?
  • ¿Es útil (“paz social”,) jugar a la interculturalidad para eludir la mirada a una realidad conflictiva donde el inmigrante lleva la peor parte? Al menos, más útil para la “cohesión social” que explicar qué papel juega la inmigración en el “milagro económico español” (construcción, sector agrícola levantino,…). En todo caso, más útil para la desmovilización social que detallar la inhibición de la clase política española antes los atropellos al inmigrante, cuando no su connivencia o su estímulo: campo de concentración de Fuerteventura; suspensión del habeas corpus durante 18 meses; trabajo hasta la extenuación, la enfermedad o la muerte a cambio de casi nada; furgonetas atestadas de carne humana; …

“Lo intercultural” en una escuela crítica 

EN DEFINITIVA, cualquier proyecto o programación sobre interculturalidad que diseñe un centro educativo comprometido con un concepto de enseñanza crítica, debe ir más allá de imprimir este adjetivo en sus membretes o de organizar un encuentro de comidas típicas (¡en Navidad!).

Toda política gubernamental sincera sobre la interculturalidad debería fomentar también debates públicos o reformas sobre aspectos que atañen muy principalmente a sus protagonistas: inspecciones fiscales y laborales que erradiquen el enriquecimiento basado en el esclavismo, derecho al voto, etc. No parece que esto esté sucediendo,  al tiempo que vamos retornando a una especie de “estado de beneficencia” encubierto. Gran parte de los servicios sociales dirigidos a los más desfavorecidos son cedidos por las administraciones públicas a ONGs, con lo que ello implica también de clientelismo político y religioso.

Un proyecto sobre interculturalidad de estas características, deberá incorporar inexcusablemente actividades que evidencien determinadas contradicciones: ¿Es admisible llamar “democrático de derecho” a un estado que crea y gestiona en su territorio nuevos Guantánamo? ¿Se acaba la vocación intercultural en el colorido traje típico y es el color de piel el territorio donde se impone la suspensión temporal o indefinida de los derechos humanos de una persona a conveniencia de un patrón? ¿Es, en definitiva, el sustantivo “ser humano” compatible semánticamente con el adjetivo “legal” o su antónimo? 

 

 

 

1 comentario

Merce -

Estoy de acuerdo con lo expuesto. Debiéramos de reflexionar sobre los caminos que se transitan en Europa, por tanto en España. Parece que se sigue la "tradición" de la superioridad del etnocentrismo practicado por la "raza" blanca, de la verdad superior de la religión cristiana, de la riqueza excluyente de la cultura occidental, de la eficacia única del liberalismo... Se trata de un camino unanimista que entraña el reforazamiento del "nosotros" frente a "los que vienen de fuera". Y las consecuancias son, entre otras, un autoritarimo defensivo y el racismo. Creo que debiéramos transitar la senda de poner en cuestión el exclusivismo unicultural de "nuestra" tradición, superar el antagonismo entre "civilización" y "barbarie".